viernes 27. noviembre 2020

Ilusiónate

 


Migraciones y Asilo
¿bienvenidos a Europa?



Nuestas raices:
PENSAMENTO SOCIAL CRISTIANO
  • Prof. Regina Polak

     

    La migración como un "signo de los tiempos


    La Iglesia Católica considera la migración como un " signo de los tiempos " (EM 14). La migración nos anima a construir juntos una humanidad renovada. Para los creyentes la migración es un instrumento de la historia de la salvación. La migración hace posible comprender la justicia; la coexistencia de una humanidad en la multiplicidad y en la diversidad; y es una experiencia de la gracia de Dios.

     

    Esta mirada sobre la migración como una bendición (EM 101; DSI 297) se debe a la fe cristiana en su historia. El peregrinaje, las fugas, el exilio, el asilo o la diáspora, son experiencias bíblicas fundamentales. En las narraciones de Abraham, del éxodo de Egipto y del exilio de Babilonia, la migración es reconocida como una experiencia de la gracia de Dios. Esto crea una ética que se sabe responsable de los extranjeros. La vida de Jesús se caracteriza por el hecho de que le falta la patria. Los primeros cristianos se miran a sí mismos como "extranjeros y huéspedes" en la tierra (Hebr 11:13, 1 Pedro 2:11). Pablo enfatiza la unidad de los hombres en su diversidad en Cristo (Gál 3:28, Col 3, 10-11). La responsabilidad en bien del extranjero es un imperativo ético y puede ser un lugar de encuentro con Cristo mismo (Mt 25).

     

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    "Ahora bien, entre los derechos de la persona humana debe contarse también el de que pueda lícitamente cualquiera emigrar a la nación donde espere que podrá atender mejor a sí mismo y a su familia". Papa Juan XXIII (Pacem in terris, 106)

     

     

    "Las instituciones de los países que reciben inmigrantes deben vigilar cuidadosamente para que no se difunda la tentación de explotar a los trabajadores extranjeros (...)". Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (298)

     


    ¡Señor, ten piedad! Muchas veces nuestras vidas cómodas nos ofuscan y nos impiden ver a los que mueren a nuestro lado.

     

     

  • Christian Mellon sj

     

    Acoger al extranjero


    En el momento de votar, el cristiano no puede considerar como algo secundario las políticas de asilo e inmigración. Es un asunto central para la fe.

    En materia de asilo e inmigración, los principios proclamados por la Unión Europea no son muy diferentes de aquellos que defendemos los cristianos. Lo que comprueban, y lamentan, las organizaciones cristianas que defienden los derechos de los migrantes es que esto principios quedan diluidos en la práctica, en razón de la prioridad que se da por parte de los responsables políticos a la voluntad de limitar el acceso de extranjeros extra comunitarios al territorio de la Unión.

     

    Esta voluntad muestra lo que el Papa Francisco denuncia como una “cultura del rechazo”, que él invita a transformar en una “cultura del encuentro”, porque para un discípulo de Cristo, acoger a extranjero va más allá de una exigencia mora o jurídica, el reto es espiritual, ya que el Señor se identifica a sí mismo como el extranjero (Mt 25, 35). Cuando los cristianos se rebelan contra la “mundialización de la indiferencia”, dramáticamente ilustrada por la tragedia de Lampedusa, es porque “hay páginas de la Biblia que no podemos arrancar”, como expresó un obispo francés en un debate público sobre esta cuestión.

     

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    "Ahora bien, entre los derechos de la persona humana debe contarse también el de que pueda lícitamente cualquiera emigrar a la nación donde espere que podrá atender mejor a sí mismo y a su familia". Papa Juan XXIII (Pacem in terris, 106)

     

     

    "Las instituciones de los países que reciben inmigrantes deben vigilar cuidadosamente para que no se difunda la tentación de explotar a los trabajadores extranjeros (...)". Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (298)

     


    ¡Señor, ten piedad! Muchas veces nuestras vidas cómodas nos ofuscan y nos impiden ver a los que mueren a nuestro lado.

     

  • Mark Butaye o.p.

     

    La hospitalidad incondicional


    La tradición social cristiana se funda en la escritura en la “fraternidad” y en sus consecuencias de recíproca responsabilidad y reconocimiento de la dignidad humana, en cualquier circunstancia. “¿Qué has hecho? Escucha La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Gn 4, 9-10). Como ha declarado la encíclica Pacem in Terris: “Toda persona tiene el derecho fundamental de vivir dignamente” (PiT, 11). Este reconocimiento es incondicionado y es más urgente allí donde la creación de Dios ha sido herida, negada, discriminada o devastada en sus gentes. Su creación debe ser tratada de forma incondicional.

     

    Juan Pablo II expresó que la responsabilidad humana va más allá de la fraternidad: “una situación irregular no puede permitir que el inmigrante pierda su dignidad, ya que goza de derechos inalienables, que no pueden ser violados ni ignorados”. Igualmente se funda en el hecho de que la Iglesia considera a la humanidad como el pueblo que peregrina, recordándonos que sólo podemos usar pero no poseer la tierra que ocupamos. También nos recuerda que no olvidemos en “tiempos mejores” nuestra común experiencia de haber sido refugiados en el pasado. En 1954, cuando más de 11 millones de refugiados “europeos” fueron acogidos en países vecinos, Pio XX urgió a apoyar y a acompañar de una forma estructurada a tantas personas necesitadas, extranjeros en su propio continente. Recordar nuestra propia historia nos ayuda abrirnos al “sagrado deber” de la hospitalidad: “No oprimais al extranjero, vosotros sabeis lo que es ser extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en Egipto” (Ex. 23,9; 22,21; Lev. 25,35; Deut. 19,19). La limitada hospitalidad humana refleja nuestra fe, que Dios es una presencia incondicional (Ex 3,14) entre su pueblo errante, buscando la tierra prometida, escapando del hambre,  la esclavitud o la guerra.

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    "Ahora bien, entre los derechos de la persona humana debe contarse también el de que pueda lícitamente cualquiera emigrar a la nación donde espere que podrá atender mejor a sí mismo y a su familia". Papa Juan XXIII (Pacem in terris, 106)

     

     

    "Las instituciones de los países que reciben inmigrantes deben vigilar cuidadosamente para que no se difunda la tentación de explotar a los trabajadores extranjeros (...)". Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (298)

     

    ¡Señor, ten piedad! Muchas veces nuestras vidas cómodas nos ofuscan y nos impiden ver a los que mueren a nuestro lado.

     

Hagamos que ocurra:
PROPUESTAS DE ORGANIZACIONES CRISTIANAS
MÁS PROPUESTAS

Jesuit Refugee Service

 

Rethink the reform proposals for the Common European Asylum System (CEAS)

El Servicio Jesuita de Refugiados

 

Recurrir primero a alternativas a la detención

El Servicio Jesuita de Refugiados

 L. Boldrini

Garantizar un régimen europeo de asilo más digno y más humano

El Servicio Jesuita de Refugiados

 

Detener el envío de inmigrantes a países en que correría peligro su vida

El Servicio Jesuita de Refugiados

 

Mejorar las condiciones de vida en los centros de detención

El Servicio Jesuita de Refugiados

 

Mejorar el régimen de protección en los puntos de entrada de la UE

Cáritas Europa

 

Asegurar una protección adecuada a los emigrantes y solicitantes de asilo en las fronteras exteriores dela UE

http://www.theeuropeexperience.eu/